Con promedio 10, cursó el 3er año de la Universidad Nacional de la Rioja, de la ciudad de La Rioja. Por empate por igual promedio, con la estudiante rosarina Natalia Caneva resultaron ganadoras de la beca por $35.000 del Concurso Mejor Promedio 2019 de Misiones Online en la categoría de Universidades del Resto del País. La sorpresa fue la decisión de la empresa aportante de mantener el premio completo para cada una. El diploma de reconocimiento fue entregado a las estudiantes por el gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, y la beca por Mauricio Macena, el gerente Animal World Veterinaria.  

Mercedes del Carmen Toledo estudia la Tecnicatura en Bibliotecología en la Universidad Nacional de La Rioja, y por su promedio 10, resultó ser una de las ganadoras de la “Beca Animal World Veterinaria” por $35.000, del Concurso Mejor Promedio 2019 de Misiones Online. Por empate por igual promedio, compartiría la beca con la estudiante rosarina Natalia Caneva, pero la buena noticia fue la decisión de la empresa aportante de mantener el premio completo para cada una de las estudiantes.

La entrega virtual se realizó el viernes 25 de septiembre, y el diploma de reconocimiento fue entregado a las estudiantes por el gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, mientras que la beca por Mauricio Macena, gerente de la empresa Animal World Veterinaria.

 

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Mercedes decidió inscribirse al Concurso con la ilusión de que su esfuerzo, de alguna manera, sea valorado. Y finalmente, lo logró. “Quería que esas ganas que siempre puse al momento de estudiar sea valorado. Hasta el momento nunca antes me arriesgué a participar de ningún concurso porque creía, fehacientemente, que otros chicos merecían participar más que yo, y obviamente ganar algún reconocimiento. Luego me di cuenta que mis esfuerzos también merecían ser reconocidos en algún punto, de otra forma, sería totalmente injusta conmigo misma”, expresó la estudiante riojana.

 

“Detrás de un buen promedio hay esfuerzo”

Del Concurso Mejor Promedio tomó conocimiento por medio de una publicidad de Facebook donde alentaban a los estudiantes de todo el país a inscribirse al certamen por las becas. “Fueron varios días de dudas hasta que, finalmente, accedí a postularme. Sinceramente, me parece una excelente iniciativa para reconocer los logros de aquellos estudiantes que permanecen en la nebulosa educativa. Antes del certamen de Misiones Online, nunca tuve conocimiento de que algún organismo, institución o alguien decidan premiar a los estudiantes con buen promedio y los entusiasmara a seguir avanzando académicamente. No obstante, siempre pienso que ningún alumno es un número. Un número no identifica a nadie, pero hay un esfuerzo detrás de un buen promedio”, aclaró Mercedes en la entrevista.

 

Admitió que mantener el nivel académico en la universidad es complejo. “Es una carga constante, una rutina disciplinada de levantarme, estudiar, saber que tengo que dar ese final y sacarme una buena nota porque todos confían que realmente será así. Es una presión permanente y una sensación de “no llegar” para rendir bien. Pero también pienso en todas aquellas personas que la tienen aún más difícil que yo. Su contexto, su vida, las situaciones por las que pasaron. Nunca estudio por mí, estudio por ellos, estudio por los que vienen detrás de mí”, asevera.

 

Pero no siempre fue una estudiante Mejor Promedio, admite Mercedes. Recordó que en la primaria, en general le daban muy mal las matemáticas y todo aquello que tenga que establecer relaciones lógicas para sacar un resultado.

En tanto, ya en la secundaria mejoró su rendimiento, y hace su mayor esfuerzo para lograrlo en la universidad. “Llegué a ocupar el segundo puesto del promedio más alto en todo mi curso, lo mantuve durante dos años. Es una presión casi constante estudiar, pero realmente lo disfruto aunque sea bastante complejo. Una de las cosas que más me gusta de sentarme y resumir apuntes es ver los resaltadores como se gastan, ver la lapicera sin tinta, ver el lápiz haciéndose cada vez más chiquito de las tantas veces que lo usé, ver la goma casi desgastada y quejarme porque se me acaba el papel. Las pérdidas que en ese momento están ocurriendo significan que algo está cambiando. Significa que disfruto estudiar porque pierdo cosas en mitad del camino, pero siempre sigo adelante”, expresó. “Estudiar me hace feliz, es un orgullo para mí”, añadió.

Mercedes durante un viaje en moto con su hermano mayor, recorriendo pueblitos en el interior de La Rioja.

 

La realidad de una estudiante universitaria

Mercedes compartió su mirada de la vida universitaria, y desde su visión de estudiante de clase media baja las cosas no fueron fáciles. Su familia está conformada por sus padres y dos hermanos de 19 y 31 años. Todos viven en la Capital de La Rioja. “Mi mamá tiene una pensión por discapacidad y mi papá es desempleado, trabaja haciendo algunas changas. Siempre afirmé que lo único bonito que tiene nuestra provincia, La Rioja, son los paisajes espectaculares que tiene, la historia tan rica y la cultura tan fija y arraigada”, expresa la joven.

En ese contexto, lucha diariamente por terminar su carrera universitaria. “Habían esos días que no podía pagar un apunte porque no llegaba con el dinero, todavía hay días que paso de largo en la universidad porque tengo clases con una hora de diferencia. A esas horas las remato con el estómago vacío o muchas veces con mates dulces que me comparten mis amigas eternas. Las cosas no fueron ni son fáciles, el contexto social y económico lo hacen más complicado”, graficó con crudeza la estudiante.

“Entiendo también, y como ya mencioné antes, existen otras personas que no tuvieron la oportunidad que tuve yo, es casi un privilegio poder estudiar, aunque la universidad sea pública los de arriba no ven a los chicos juntando unos billetes para compartir un almuerzo y seguir de largo. Sé y sabemos el sacrificio que significa estar estudiando con el estómago vacío, sin apuntes y con gente que te retrasa el camino. Pero también entiendo que las cosas se superan, y por eso se estudia. Por los jóvenes que vienen y por los que vendrán”, reflexionó Mercedes.

Sumado al contexto económico, en 2020 se profundizaron los problemas con la cuarentena por COVID-19, que estableció la educación virtual y el distanciamiento social. “Fue todo un gran cambio para mí, pasé de ir a la universidad todos los días temprano y estar varias horas ahí a estar todo el día en la computadora asistiendo a clases virtuales. Extraño esos momentos, extraño tomar mate con los profesores y con amigos, así que desde ese aspecto fue y es un proceso complejo para mí, todavía sigo acostumbrándome a esta nueva «realidad», dijo la estudiante.

En relación a los cambios implementados, lo principal fue que todo se migró a la virtualidad. “Empecé a tener clases usando diferentes modalidades y aplicaciones de videollamadas, sin olvidar también el uso de la plataforma virtual de la propia universidad. En una semana comienzan finales, es la primera vez que la universidad tomará finales de esta manera y realmente es un desafío muy duro, más que nada para los profesores”, relató.

Respecto a la evaluación de su año académico, el balance es positivo. “Este cuatrimestre me recibo, en cuanto termine mi trabajo final y rinda las últimas materias de Técnica Universitaria en Bibliotecología. Mi tesina será presentada en forma virtual, no fue mi plan pero bueno, agradezco poder rendir. En mi ciudad los casos de coronavirus dispararon de forma alarmante, llegando a tener entre 90 y 100 casos por día. Estamos en fase 1 desde hace mucho tiempo, y obviamente, extraño mucho estar afuera. Aún así sigo cumpliendo el aislamiento, pero me es muy difícil, de a poco voy viendo que los casos se transforman en caras conocidas, en amigos y dejan de ser casos aislados de gente desconocida” describió sobre cómo se vive la pandemia en su provincia.

La joven está más impactada en los últimos tiempos respecto a  la liviandad de la gente. “Es como si ya no tuvieran miedo porque están cansados. El aprendizaje que me queda de todo esto es remitido a una pregunta: ¿Qué habría pasado si todo esto no hubiera ocurrido? Estoy segura que no habría aprendido las cosas que aprendí ni tampoco vería de otra forma hacer las cosas rutinarias de la vida que ahora parecen muy extrañas. Aprendí muchísimas cosas, hice muchos cursos y aprendí a ver la vida de otra forma. Una vez que esto termine, porque tengo esperanzas de que terminará, supongo que nunca más negaré una salida con amigos o me quejaré de ir a la universidad un lunes a las 8 de mañana”, concluyó la destacada estudiante riojana.

 

 

 

 

Por Patricia Escobar 

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